“Acuarela…” a través del lenguaje del violín y del acompañamiento del piano, es una recopilación de grandes hallazgos de la música mexicana, interpretados con la creatividad del violinista Omar Guevara Sánchez y el acompañamiento al piano de Héctor Cruz. Para este recorrido sonoro se han seleccionado piezas coloridas, con gran fuerza visual y sonora que dibujan sensaciones, evocando al imaginario cultural mexicano. Pinceladas solemnes y juguetonas, tiernas y festivas, tradicionales e innovadoras… en aras de alcanzar a nuevos públicos, que puedan sentirse identificados con la música de cámara a través de la memoria nacional, que mira a su propio folclore para rastrear los colores y los trazos que nos han construido como nación en el último siglo.
Acuarela hace un guiño a un momento crucial en la carrera profesional de Omar Guevara Sánchez, pues con esta interpretación obtuvo el primer lugar en el VI Concurso Nacional de Violín “Hermilo Novelo” de la Universidad Nacional Autonoma de México (UNAM), en la Ciudad de México en 2001.
Sonatina op. 52 núm. 1 es un arreglo que realizó el Maestro Higinio Ruvalcaba a la obra de Juan F. Mora, compositor mexicano que pasó casi inadvertido en su momento y que ahora nos acompaña con esta bella obra. Cecilia Basilia Ruvalcaba Castillo, una de las hijas y herederas, es quien aprobó la grabación de la música de su padre para este proyecto. Higinio Ruvalcaba Romero (1905-1976) fue un virtuoso músico mexicano que se desempeñó como violinista, compositor, director de orquesta y director de recintos culturales en las ciudades de Guadalajara y México.

A este álbum lo enriquecen dos piezas de exquisita belleza y madurez del compositor Eduardo Gamboa.
Ojos llenos de pájaros es una adaptación de Omar Guevara para violín y piano realizada en 2023 a partir de la versión original para voz y piano que Eduardo Gamboa compuso sobre el poema “Muerde mis labios” de Alberto Ruy Sánchez, estrenada en diciembre de 2010 en Montauban, Francia, en la interpretación de Irasema Terrazas (soprano) y Claudia Corona (piano), durante el Festival literario Lettres d’automne que homenajeó al escritor mexicano. El poema dice:
Muerde mis labios
y quédate en ellos
como
los nombres del aire
en los labios del agua
Tócame con la lengua
y arde cantando
como
la danza del fuego
en la piel de la tierra.
Enciende con mis besos
la flor labial del deseo
como
los jardines secretos
la mano del fuego
Aire y agua, tierra y fuego:
puntos cardinales
del mapa amoroso del deseo.
Donde todo lo orienta y desorienta
su quinta esencia imantada,
a la vez maravilla,
duda y descubrimiento:
el asombro.
Luna en el agua, obra compuesta por Eduardo Gamboa en 2023, dedicada al virtuoso violinista oaxaqueño, Omar Guevara para ser incluída en su primer álbum como solista, Acuarela. Titulado a partir de una pintura reciente de su esposa, la prestigiada artista plástica Irma Grizá, Gamboa retoma el carácter improvisatorio y libre que define muchas de sus melodías, aunado a un pulso enérgico y sincopado logran un tejido rítmico complejo y rico, divertido y a la vez difícil de interpretar.
En este contexto “jazzístico”, la pieza contiene guiños al ritmo latino, con sus contratiempos y cadencia festiva que sutilmente deriva en son cubano con una cita humorística a El Manisero (gracia que Gamboa realiza con frecuencia, como hizo con aquella cita de la Danza del Hada de los Bombones del Cascanueces de Chaikovsky en su rumbera miniatura ¡Compón cortito! Así agredes menos, para flauta, clarinete, violín, violoncello, piano y percusión latina) para luego saltar a ritmos arábigo-andaluces hacia el final de la pieza, antes de reexponer la sección alegre, en Do mayor, con la que ésta finaliza.
Una probada del gran talento de Gamboa para componer, por la complejidad y sabor exquisito y elegante al escribir.
Rapsodia de la Guelaguetza, de la joven compositora Odette Tapia Waller es una urdimbre de chilenas, sones y valses representativas de Oaxaca: La tortuga del arenal, El Cotón, La Martiniana, Dios nunca muere, Sones de Betaza, Naela y Flor de Piña. La obra surge en un momento de reflexión sobre las canciones que acompañaron su infancia, de la mano de su abuela, persona raíz de su identidad como músico y como mujer. Son un homenaje al recuerdo, una instantánea del calor de la gente, la comida, la marimba y la banda que orquestaba estas piezas. Es llevar el ambiente familiar y el mercado de Ixtepec a una sala de concierto: un puente que une la música del folclor oaxaqueño a la música de cámara. Es traer el recuerdo y el cariño, esta idea del colectivo mexicano al presente de quienes llevamos la música mexicana bailando en las venas.